La Tía Han una vez dijo que los dados eran algo que nunca debías tocar. El Joven Maestro no lo entendía, sinti…
La Tía Han una vez dijo que los dados eran algo que nunca debías tocar.
El Joven Maestro no lo entendía, sintiendo solo una picazón insoportable de curiosidad. Pero pensándolo bien, la Tía Han siempre tenía sus razones para todo lo que hacía. Además, él era un hombre destinado a convertirse en un gran héroe; ¿qué era un poco de paciencia para él?
Sin embargo, la imagen de la multitud animando alrededor de los dados constantemente, en silencio, se colaba en su mente en los momentos tranquilos entre sus estudios y prácticas de espada.
Hasta que una noche, el Joven Maestro tuvo un sueño extraño: se había convertido en un dado, girando sin fin sobre la mesa entre los rugientes aplausos de la multitud.
Cuanto más fuerte animaban, más alegremente giraba. Pero en el momento en que el giro se detuvo, su corazón se sintió terriblemente vacío... En ese sueño, parecía que solo era un buen dado si ganaba sus aplausos.
Despertando sobresaltado, una fina capa de sudor frío empapó la espalda del Joven Maestro. Fuera de la ventana, el claro de luna era brillante y nítido. Dejó escapar un largo y pesado suspiro de alivio.
"La Tía Han tenía razón después de todo."