El enviado Khitan cayó cerca, y Peng cerró la caja mecánica en su manga. Esta no fue la batalla más sangrienta…
El enviado Khitan cayó cerca, y Peng cerró la caja mecánica en su manga.
Esta no fue la batalla más sangrienta que había enfrentado, pero sí la más silenciosa y crítica. Si este registro cayera en manos de los Khitan, significaría un desastre para la Colina Mohista y la Academia del Dragón Sellado.
Había demasiadas cosas que no le importaban: ni cuánto duraría su cuerpo herido, ni si los lazos de su secta perdurarían. Pero cuando recuperó el registro, se detuvo.
A la luz de la mañana, lo abrió. El rastro de tinta era una mezcla de viejo y nuevo, algunos trazos ordenados y otros desordenados. Algunos nombres los conocía; otros los veía por primera vez.
Cada nombre medía solo una pulgada de largo, pero detrás de ellos yacía el peso de una vida y el futuro del mundo.
Cerró el registro y lo guardó en sus ropas. En algún lugar de su corazón, se sintió más firme que antes. Por el bien de la Gran Unidad, no había espacio ni para un momento de debilidad ni para un solo error.
El dolor de la herida de repente se volvió sordo.