Koukou alguna vez tuvo un nombre. Robaba migajas robadas, arrancaba granos de arroz del suelo. En el pueblo, …
Koukou alguna vez tuvo un nombre.
Robaba migajas robadas, arrancaba granos de arroz del suelo. En el pueblo, los gatos o morían de hambre o eran comidos por personas hambrientas. Solo los gatos más tacaños que los humanos podían sobrevivir.
Más tarde, escapó al Pueblo Wansheng.
Y aún después, robó una fruta del plato de ofrendas bajo la tablilla del Maestro del Río.
Desde ese día, la gata aprendió a inclinarse. Aunque ningún humano entendería lo que ella sentía.