Con la ayuda de una espadachina ciega, el enviado Khitán escapó por poco de una emboscada y finalmente llegó a…
Con la ayuda de una espadachina ciega, el enviado Khitán escapó por poco de una emboscada y finalmente llegó al territorio Tang. Desafiante e inquebrantable, insistió en alojarse en la Posada de la Brisa. Como devoto budista, siguió las indicaciones de un monje venerado, sin saber que avanzaba, paso a paso, hacia la muerte que grabaría su nombre en la historia.