Bajo la Torre de la Campana de la Paz, la flauta del viejo campanero sigue sonando como siempre. Tu llegada no…
Bajo la Torre de la Campana de la Paz, la flauta del viejo campanero sigue sonando como siempre. Tu llegada no perturba su tranquila serenidad. Entonces la melodía cambió, llorando y susurrando como un dolor demasiado profundo para palabras. No es tu primera vez aquí, pero esta vez, al fin pareces escuchar la historia oculta en la canción.
Es el choque entre el embravecido Río Luo y la reluciente nieve blanca; la mirada silenciosa entre el amargo ciruelo invernal y un manantial profundo y claro. Es el punto de inflexión donde los amantes se distancian, el instante donde el amor y el deber dejan su marca más verdadera y agonizante, la despedida final que los convierte en extraños en los confines de la tierra. Sabes de quién trata la historia. Sin embargo, ella nunca ha hablado de esa gran batalla, y tú nunca supiste quién resultó victorioso al final. El anciano parece leer tus pensamientos, devolviéndote la misma pregunta. Tras un momento de reflexión, das tu respuesta...
Ruina mutua. En la Orilla Serena, has visto los restos mutilados del Sin Rostro, y escuchado relatos de la heroica jornada al norte de la Espada Suprema. Quizás ninguno resultó victorioso. Perdieron el corazón del otro, y se separaron para siempre de los destinos del otro.
El anciano solo sonríe, sin confirmar ni negarlo. Lentamente, relata los fragmentos no contados del cuento: el honor de la Espada Suprema, el honor del Pozo del Cielo, el honor de la Señora del Agua, el honor del Juramento del Norte… Cada uno se mantuvo en equilibrio sobre la punta de flecha del honor, pero la mano que tensó la cuerda del arco nunca fue la suya.