Al llegar a una aldea junto a un oasis, el joven escuchó los lamentos de gente hambrienta. Se agachó, tomando …
Al llegar a una aldea junto a un oasis, el joven escuchó los lamentos de gente hambrienta.
Se agachó, tomando la mano huesuda de un huérfano. La mirada de hambre casi lo abrasó.
"¿Ves esta red? Puede convertir la luz de la luna en suaves panecillos blancos."
Bajo las miradas curiosas de la multitud, sacó por primera vez su red atrapalunas ante extraños.
"¡Luz de luna brillante, lanza tu red con destreza! Come un panecillo, el pequeño monta un camello—" Cantando la rima que sus padres le tarareaban en la infancia, lanzó la red al estanque poco profundo del oasis. Lo que regresó a su mano fue un panecillo lo suficientemente sustancioso para salvar una vida.
Le entregó el panecillo al huérfano. Un suspiro de asombro surgió de la multitud detrás de él.
"¿Puedo preguntar su nombre, Inmortal?" Un anciano de cabello blanco se secó las lágrimas, con la vista nublada, dirigiéndose al joven con reverencia.
En ese momento, el joven pensó en la leyenda de su tierra—Wangshu, el auriga de la luna, que recorría los nueve cielos, esparciendo la luz de la luna sobre el mundo.
"Mi nombre es..." El joven alzó una mano, señalando la luna. "...Wangshu."