Había tres cosas que Jiang Wulang atesoraba por encima de todo. Una pequeña campana de bronce, un yelmo y un…
Había tres cosas que Jiang Wulang atesoraba por encima de todo.
Una pequeña campana de bronce, un yelmo y un Tarro de Lágrimas de Despedida.
Entre ellas, aquel viejo yelmo parecía ser un tabú.
Cada año, a finales de noviembre, Jiang Wulang te hacía arrodillarte ante él, pero nunca te dijo por qué.