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Los cerdos del Muelle del Cielo adoran las carreras. Se persiguen unos a otros como pequeños remolinos, y cuan…

Los cerdos del Muelle del Cielo adoran las carreras. Se persiguen unos a otros como pequeños remolinos, y cuando se emocionan, a veces embisten a quien esté cerca y lo hacen tropezar. Los niños les tienen miedo, pero no tanto como para mantenerse alejados. Se esconden detrás de los árboles y miran a hurtadillas, mientras que el Joven Maestro, el más valiente, siempre intenta arrastrar a los demás más cerca. Entonces, un día, los cerdos de repente se calman. Ahora, cuando ven a alguien, dan un par de bufidos y se alejan trotando en otra dirección. Los niños no logran entenderlo. Pero detrás del corral, un héroe está de pie con los brazos cruzados, con algunas bolsitas de bayas colgando de su cintura. Tras una mirada silenciosa, se da la vuelta y se marcha. Como si no tuviera nada que ver con eso.

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