Ahora que lo pienso, esos dos no eran eruditos. Uno con túnicas negras, otro con túnicas blancas, siempre susu…
Ahora que lo pienso, esos dos no eran eruditos. Uno con túnicas negras, otro con túnicas blancas, siempre susurrando para que no los oyera. ¡Eran los propios mensajeros de la muerte que venían a recoger almas!