Mientras las estrellas se desplazan y las constelaciones giran, las dinastías ascienden y caen. El Dao del Cie…
Mientras las estrellas se desplazan y las constelaciones giran, las dinastías ascienden y caen. El Dao del Cielo no puede ser alterado. Antes de que su cuerpo físico y esencia espiritual se disiparan, el Patriarca de Nube Solitaria realizó su última adivinación, que predijo el descenso de la Estrella Bermeja a la tierra cien años después para enfrentar calamidades. Ahora, apenas un siglo después, han surgido rumores desde Arenas Rugientes en la Montaña Etérea de que el elegido ha aparecido en las Terrazas del Cielo.
Cuando el Emperador Shizong persiguió el budismo, el Dao sostuvo a todos los seres sintientes. El canto de las escrituras nunca cesó, y los peregrinos iban y venían sin fin. Lo que los mortales buscan no es más que fama, fortuna y armonía familiar. Lo que el Dao calcula no es más que el yo, el corazón humano y el Mandato del Cielo. Mientras los nobles veneran a las deidades y realizan el ritual Douji (Adoración de la Osa Mayor), ¿en manos de quién cae finalmente el destino?