El Anciano Tonto no se dejó intimidar por la enorme masa de la montaña. Golpeó con su cincel día tras día, y s…
El Anciano Tonto no se dejó intimidar por la enorme masa de la montaña. Golpeó con su cincel día tras día, y sus descendientes continuaron su labor, hasta que finalmente se alteró la forma de la montaña.
Así es con la artesanía moísta, transmitida de maestro a estudiante, generación tras generación.
Ilumina a los jóvenes, y el valle dará un legado próspero.