Desde el día en que se ofreció tributo sagrado a la Deidad del Río, ninguna flecha ha vuelto a volar hacia la …
Desde el día en que se ofreció tributo sagrado a la Deidad del Río, ninguna flecha ha vuelto a volar hacia la serpiente del río.
En su lugar, el Emperador en persona llegó a la desembocadura del río, arrojando caballos blancos y discos de jade a la corriente.
Apareció un sabio, avanzando sobre un dragón fluvial, llamándose a sí mismo la Deidad del Río. Desenvainó su espada y cortó la marea lodosa, y las aguas de la inundación se calmaron.