Donde caminos estrechos inclinan doseles ornamentados, Dobles ejes se rompen bajo el frenesí de corceles asust…
Donde caminos estrechos inclinan doseles ornamentados,
Dobles ejes se rompen bajo el frenesí de corceles asustados.
¿Quién diría que la fuerza férrea del acero, tras mil pruebas de fuego,
Cedería ante la gracia — un hilo de seda en tus ojos?