Más tarde, Xian'a se convirtió en una hermosa mujer. El niño vino a verla como siempre. "¿Cómo es el mundo fu…
Más tarde, Xian'a se convirtió en una hermosa mujer. El niño vino a verla como siempre.
"¿Cómo es el mundo fuera del pueblo?" El niño se sentó en el banco, balanceando las piernas, mirando la luna llena en un ensueño.
"Los ancianos dicen que somos gente de la luna. No podemos abandonar el pueblo." Xian'a le entregó al niño un pan plano. "Esto no es un pan de luna. Es un pastel de espino amarillo que hice."
El niño tomó el pastel pero no se lo comió. En cambio, lo miró pensativamente.
"Afuera parece haber problemas. Escuché que hay guerra. Muchos han muerto. Algunos han muerto de hambre."
"¿Por qué solo nosotros podemos sacar la luna del agua? La luna pertenece a todos."
"Cuando la gente más allá del valle mira la luna... ¿también desean que la luna pueda llenar sus estómagos?"
Las preguntas del niño dejaron a Xian'a sin respuesta.
La luz de la luna caía, su suave halo hacía difícil que Xian'a mantuviera los ojos abiertos. Vio el futuro ominoso—
El niño caminando por el mar de arena, pasando por pueblos llenos de cuerpos famélicos.
Descendió como una deidad, cantando su canción, realizando el milagro de sacar la luna.
Y entonces, el tiempo y la arena devoraron su espíritu juvenil. Su red para atrapar la luna en jirones, simplemente envejeció y murió en el desierto.
En esta vida, nunca regresó a su tierra natal de gloriosa luz lunar.
"No te vayas—" Xian'a casi suplicó, agarrando la manga del niño, justo como su hermano la había detenido años atrás.
El niño solo alzó una ceja, sin sorprenderse de que sus pensamientos fueran vistos. Sonrió y partió el pastel de espino amarillo.
"Tienes habilidades excelentes."