El tendero pagó una fortuna por este pájaro, convencido de que su extraño canto—"¡claro que sí, claro que sí!"…
El tendero pagó una fortuna por este pájaro, convencido de que su extraño canto—"¡claro que sí, claro que sí!"—traería prosperidad. Otros creen que lo engañaron, ya que este pájaro pierde plumas más rápido de lo que canta.