En un gran salón con el gigantesco árbol del dinero, innumerables personas se arrodillan en adoración, con las…
En un gran salón con el gigantesco árbol del dinero, innumerables personas se arrodillan en adoración, con las frentes ensangrentadas, inclinándose ante el Dios de la Fortuna.
Pero el ornamentado Dios de la Fortuna no es otro que el Señor Shi, quien sostiene el Recipiente de Oro con intenciones traicioneras.
Él estalla en carcajadas locas. El árbol del dinero comienza a balancearse. Una oleada de mareo te golpea, y esos adoradores comienzan a derretirse en monedas...