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Para Brant, cada adivinanza en este mundo tenía una respuesta. Era simplemente cuestión de tiempo. Como el agu…

Para Brant, cada adivinanza en este mundo tenía una respuesta. Era simplemente cuestión de tiempo. Como el agua que carcome la piedra, gota a gota, año tras año, hasta que finalmente se perfora un agujero. Así era para la búsqueda de los cielos de los Mohistas. Si un siglo no da esperanza, entonces cuenta por el milenio. Solo entonces puede encontrarse un destello de esperanza. Con esta comprensión, Brant había estado en la secta externa apenas un año. Se sentía como un sendero ya pavimentado. De un solo vistazo, podía ver al hombre en el que se convertiría décadas después. Estudiar los intrincados mecanismos del águila voladora era indudablemente fascinante. Sin embargo, cuanto más profundizaba en su estudio, más esos cien años se sentían como un solo y fugaz suspiro. Escribiría algunos tratados y elaboraría algunos mecanismos nuevos. Con el tiempo, ganaría un nombre y tomaría algunos discípulos que algún día podrían recorrer el sendero que él había imaginado. A menudo hablaba de cómo el agua que gotea perfora la piedra, y del humilde rocío que enriquece la tierra. La lógica era sólida, pero sentía una falta de... fuego. Podía ver el futuro, pero no sabía cómo aguantar lo suficiente para alcanzarlo. ¿Debe cada gota que cae llevar el mismo destello exacto de esperanza? De repente, lo comprendió: las adivinanzas de este mundo no necesitan tener una única solución. Aunque muchos se esfuerzan hacia el mismo destino, los senderos que toman son solo suyos para elegir. Como decían los antiguos: "Lee miles de libros y viaja miles de millas". Él había leído suficientes libros. Ahora la jornada estaba ante él. Es tiempo de dar el primer paso adelante.

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