Esta llave oxidada abre el Salón de los Arhats, donde el primer monje que vio el presagio selló su propio dest…
Esta llave oxidada abre el Salón de los Arhats, donde el primer monje que vio el presagio selló su propio destino. Nadie hizo caso a su advertencia, y las aguas crecientes lo consumieron. "¿Santo, verás mis huesos?"