La noche acalla los cánticos de sutras, susurros celestiales flotan, el alba exhala humo de incienso que ascie…
La noche acalla los cánticos de sutras, susurros celestiales flotan, el alba exhala humo de incienso que asciende al aroma imperial. Los salones y pabellones, nivel tras nivel, brillan con oro y jade, mientras las campanas matutinas y los tambores vespertinos llevan los himnos budistas hasta lo lejos. Dentro del templo, el humo de las ofrendas se enrosca como la neblina de una montaña sagrada. Los visitantes toman asiento según el destino lo permita, escuchando las maravillosas enseñanzas del Dharma. Sin embargo, qué lamentable, la estatua de Buda se alza tan alta, suspirando mientras el Iluminado baja su mirada por todos los seres, mientras los mortales no logran verlo verdaderamente.