Texto
Texto

Alma Helada no tenía idea de cuánto tiempo había estado corriendo, ni de cuántas veces había caído. Sus manos …

Alma Helada no tenía idea de cuánto tiempo había estado corriendo, ni de cuántas veces había caído. Sus manos y piernas estaban cubiertas de rasguños. Pero cuando abrió la puerta de su habitación, la encontró llena de un suave resplandor giratorio: una luz que emanaba de la visitante misma. Con delicadeza, la Mujer tomó la mano de Alma Helada y aceptó el Jarrón de Agua. "Yo también tengo un conejo a mi lado. Es tan encantador como tú." "¿Eres... la luna?" logró preguntar Alma Helada, sintiendo de inmediato lo absurda que era la pregunta. Aún más absurdo, la visitante sonrió y asintió. La Diosa Lunar levantó el Jarrón de Agua, tomó un pequeño sorbo y sonrió satisfecha. "No se lo digas a nadie. Esto es un secreto entre tú y yo." "Toma, esto es para ti." Con un movimiento de su manga, un suave conejo blanco apareció en las manos de Alma Helada. "Espero que te guste. Debo irme ahora. Adiós." La diosa se disolvió en la luz y desapareció en un instante. Fuera de la ventana, la suave luz de la luna volvió a deslizarse sobre el alféizar. Frotándose los ojos, Alma Helada solo vio una luna clara en el cielo. De no ser por el calor del conejo en sus manos, apenas podría creer lo que acababa de suceder. Después de todo, ella solo era un conejo.

Comentarios

Alma Helada no tenía idea de cuánto tiempo había estado corriendo, ni de cuántas veces hab… | Base de datos de Where Winds Meet