Los arroyos corren veloces y anchos, bajando las laderas en marea inquieta. Solo deambulo por la llanura árid…
Los arroyos corren veloces y anchos, bajando las laderas en marea inquieta.
Solo deambulo por la llanura árida, un alma solitaria en dolor.
Al caer el sol en la cima, me acurruco y tiemblo, buscando descanso.
El frío adormece mi garganta, mi lengua se retira hondo abajo.
Las lágrimas del río caen suaves, un llamado lastimero, eterno y doloroso.