Había una vez una Mujer que se hacía llamar Poony. Dondequiera que iba, si se escuchaba un pedo, lo reclamaba …
Había una vez una Mujer que se hacía llamar Poony. Dondequiera que iba, si se escuchaba un pedo, lo reclamaba como suyo, exigiendo diez taels de Plata a quien lo oliera.
Naturalmente, tanta grosería le ganó pocas monedas, pero un día alguien realmente le pagó diez taels. No los gastó en comida o bebida; en cambio, se compró un Gato.
Ese Gato se llamaba Poop.
Un día, un reverenciado Monje pasó por allí. Conmovido por su presencia, Poop sintió un arrebato de vergüenza, y esa misma noche mordió la gastada túnica de monje de su dueña para arrastrarla a un cercano convento de monjas para reflexionar.
Si la Mujer realmente abrazó el camino de Buda sigue siendo un misterio.