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Shen Yilun siempre había sido el niño "tranquilo". Desde pequeño, la gente lo comparaba con su hermano mayor, …

Shen Yilun siempre había sido el niño "tranquilo". Desde pequeño, la gente lo comparaba con su hermano mayor, audaz y carismático, un líder nato que acaparaba la atención. Yilun, en cambio, era delgado y tímido, escondiéndose constantemente en segundo plano como una sombra. Otros lo llamaban raro, y con el tiempo, incluso él comenzó a creer que estaba destinado a vivir en soledad, devorado por la oscuridad. En su primer día de escuela, cuando el maestro preguntó sobre sus ambiciones, la respuesta de Yilun fue dolorosamente simple: "Mientras pueda comer hasta saciarme, cualquier trabajo estaría bien..." El aula estalló en risas. No entendía por qué su deseo honesto era motivo de burla. La escuela, al parecer, sería tan solitaria como la vida que siempre había conocido. —Pensó en desaparecer de nuevo... Pero esta vez, el destino tenía otros planes. Zheng el Alafrío, un niño que irradiaba confianza y encanto, claramente nacido en privilegios, se acercó a él. En lugar de unirse a las burlas, elogió la respuesta de Yilun, llamándola "una revelación". Zheng el Alafrío afirmó que las humildes palabras de Yilun habían cristalizado su propio propósito. ¿Cómo?, se preguntó Yilun. Para todos los demás, solo era una broma. —"Hagamos una promesa. ¡Nos aseguraremos de que nadie pase hambre. La paz reinará y la hambruna desaparecerá!" Para Yilun, Zheng el Alafrío parecía la encarnación del sol. Todo lo que él nunca podría ser. ¿Amigos con alguien tan radiante? Impensable. Sin embargo, allí estaba este chico dorado, insistiendo en que ahora eran "aliados jurados" compartiendo una gran visión. Yilun no entendía del todo frases como "la paz reina", pero comprendía el fuego en la mirada de Zheng el Alafrío. Por primera vez, tenía a alguien con quien reír, con quien caminar. —"Cuando llegue el momento, ya no podrás esconderte detrás de mí." Cambiar sus hábitos de toda la vida parecía imposible. Sin embargo... por Zheng el Alafrío, y el sueño que habían tejido juntos, Yilun se encontró dispuesto a intentarlo.

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