Según sus padres, desde que dio sus primeros pasos, siempre estaba corriendo. Esas piernas cortas y robustas a…
Según sus padres, desde que dio sus primeros pasos, siempre estaba corriendo.
Esas piernas cortas y robustas aún no eran firmes. Tropezaba, se golpeaba y caía, pero siempre se levantaba, se sacudía el polvo y volvía a correr.
O quizás no era correr, sino perseguir.
Siempre parecía tener algo que perseguir. Mariposas, amentos llevados por el viento, pétalos flotantes, luciérnagas... Le encantaba perseguir, contemplar todas estas maravillas vibrantes y novedosas que nunca había conocido.
Sin embargo, estas constantes caídas, aunque ignoradas por la niña, magullaban el corazón de sus padres. Así que su padre artesano fabricó una pequeña vara, cebándola con un fragmento de cristal esmaltado translúcido, no para atrapar peces, sino para atar a su pequeña errante.
Bajo el sol, ese cristal brillante colgaba en lo alto, y ella persiguió su luz durante mucho, mucho tiempo. Hasta que cayó el anochecer y el resplandor del cristal se atenuó. Pero esta vez, no bajó la cabeza en busca de un nuevo premio. Permaneció mirando hacia arriba. Esta vez, reflejado en sus ojos había un mar de estrellas que no había cambiado desde tiempos antiguos.
¿Realmente este mar estelar nunca ha cambiado? No. Estas estrellas están vivas.
Este complejo mapa celeste, las órbitas estelares que se entrecruzan; estrella tras estrella que desafían la predicción, vagando según su propio capricho; este firmamento que uno nunca podría comprender del todo en cien vidas.
Así que los cielos escondían un mundo nuevo y vibrante, lleno de infinitos misterios que una sola vida nunca podría agotar...
Todos crecemos. Y al crecer, aprendemos demasiado, hasta que lo extraordinario se vuelve mundano.
Hay mariposas, amentos, pétalos y luciérnagas, y luego, están las estrellas.
Ahora adulta, y conociendo el dolor de una caída, uno pierde el ánimo para perseguir.
Pero ella ya estaba hechizada, sumergida en este mar de estrellas.
Tropezándose, golpeándose, cayendo y persiguiendo, sigue siendo exactamente igual que cuando era niña.