"Soy torpe, así que te doy esto como regalo de despedida. Que te mantenga a salvo y libre de preocupaciones, A…
"Soy torpe, así que te doy esto como regalo de despedida. Que te mantenga a salvo y libre de preocupaciones, Anciano."
Peng recordaba a aquel niño a punto de dejar la montaña, despidiéndose de ella con un par de guardabrazos hechos a mano, los ojos llenos de anhelo por el conocimiento mundano.
Esa mirada le era muy familiar.
Nunca le faltaron personas tan inocentes a su alrededor. Su maestro, sus compañeros, y ahora, su discípulo.
También conocía bien sus finales.
Más tarde, entre la carne y la sangre desdibujadas de la Academia del Dragón Sellado, reconoció de un vistazo aquella espada rota tan familiar.
A su lado había más cuchillas, lanzas y espadas forjadas por discípulos moístas...
En sus momentos finales, sus dueños debieron haber agarrado estas armas con fuerza, tal como aferraron sus ilusorios ideales.
Con su talento, deberían haber logrado grandes cosas en un mundo más amplio.
En cambio, desperdiciaron sus dones en rencillas mezquinas, arrojando sus vidas por el bien de personas insignificantes.
Esta fue su tragedia, y su pecado.
Al regresar del Puente Zhongdu, hundió los guardabrazos en el Lago de la Culpa.
Cada vez, era ella quien marcaba el punto final, ya fuera para esos objetos cubiertos de polvo o... para la inútil inocencia.