Jumper era un vagabundo que encontró su propósito como perro guardián. Aún conserva el tenue recuerdo de aquel…
Jumper era un vagabundo que encontró su propósito como perro guardián. Aún conserva el tenue recuerdo de aquella noche lluviosa cuando un niño lo llevó a casa. La casa estaba cálida, seca y olía a carne. Jumper solo había observado un lugar así desde lejos, sin atreverse a acercarse.
Su juego favorito con el niño era "Salto Alto". No importaba qué tan alto alcanzara la pequeña mano, Jumper saltaba y la tocaba, firme cada vez.
Pasaron los años. El niño creció y Jumper pasó de cachorro a perro viejo. Su maestro ya no se quedaba en casa todo el día. Salía cada mañana y regresaba por la noche, suspirando, frotándose la espalda, agotado por el mundo.
Pero cada día antes de irse, miraba atrás a Jumper. Al principio, Jumper pensaba que era hora de jugar Salto Alto; intentaba saltar, aunque sus fuerzas flaqueaban. Pero su maestro nunca levantaba la mano. En cambio, cada mañana, se inclinaba y abrazaba fuerte a Jumper.