En noches lluviosas, un farol azul pálido brilla fríamente sobre un pozo solitario, donde una mujer fantasmal …
En noches lluviosas, un farol azul pálido brilla fríamente sobre un pozo solitario, donde una mujer fantasmal se sienta, a veces contemplando la luna con nostalgia, otras sonriendo suavemente como si estuviera perdida en un juego silencioso.
Un viajero nocturno pasó una vez y vio una mesa de juego bajo la luz del farol, con uno de los cuatro asientos vacío. Al mirar más de cerca, dos espíritus y una belleza sin igual estaban sentados allí, sus rasgos tan delicados como una pintura, pareciendo un alma errante.
El viajero cayó en un trance y solo despertó al canto del gallo, encontrando nada más que espesas sombras de bambú. Sintiendo que la mecha se había consumido hasta convertirse en cenizas, se dio cuenta de que no era un simple sueño.
Sin embargo, en todos mis viajes, nunca he visto a los muertos volver a la vida. El cuerpo es solo un recipiente, mientras que el alma habita donde yace su anhelo. Esta mujer sin nombre, hablando el enigmático lenguaje de los espíritus zorro, debe estar buscando algo. No se encuentra en este mundo, sino en la intersección del alma y el sueño.
En su sueño, el viajero recorrió mil millas hacia el este, templando su corazón y alma. Sin embargo, en el bosquecillo, solo quedaban un farol, una sombra y una mesa.