Con los restos de su hermana frente a él, las manos de Jiang Wei comenzaron a temblar. Temía que el filo afila…
Con los restos de su hermana frente a él, las manos de Jiang Wei comenzaron a temblar. Temía que el filo afilado de la pala pudiera dañar sus huesos. Pero al menos aún tenía sus manos.
"Tranquilo, no te lastimes", llegó una voz suave a su lado. Una palma fresca cubrió la suya, transmitiendo un raro calor en la noche empapada por la lluvia.
Jiang Wei hizo una pausa, luego se giró.
La mujer a su lado era alguien a quien había rescatado no hacía mucho de un matrimonio fantasmal. Durante años, se había disfrazado de novia para infiltrarse en esos oscuros rituales, salvando mujeres de las garras de las Casamenteras Fantasmales, buscando siempre al responsable de la muerte de su hermana. Esta mujer... sus cejas y ojos guardaban un leve parecido con los de su hermana. Así que cuando ella se ofreció a acompañarlo, Jiang Wei no se negó. Resultó ser una compañía muy necesaria para él.
En el camino, ella había sostenido el paraguas para protegerlo de la lluvia, detenido sus pasos imprudentes en ventiscas, escuchado en silencio mientras relataba su pasado y lo había calmado cuando la ira amenazaba con consumirlo. Sin ella, su mente al límite quizás ya se habría quebrado.
"Gracias... por todo lo que has hecho por mí en este camino". Jiang Wei tomó otro puñado de tierra. "Una vez que lleve a mi hermana al mar, te escoltaré a casa".
Mientras cavaba, huesos pálidos quedaron al descubierto. Jiang Wei se quedó inmóvil, una media sonrisa asomando en sus labios, mitad alegría, mitad dolor.
"La libertad que anhelaba mi hermana... Esta vez, se la daré".
Pero no hubo respuesta. El paraguas de papel engrasado se deslizó de su hombro y cayó al suelo. Jiang Wei miró alrededor, solo había silencio detrás de él.
El dolor lo atravesó. Los recuerdos desfilaron ante sus ojos, luego se hicieron polvo. Nunca había habido nadie. En este largo, tortuoso y ensangrentado camino, siempre había caminado solo.
Jiang Wei se acurrucó junto a los huesos de su hermana, mirando la lluvia que caía del cielo.
Si todo el calor, toda la compañía en la que creyó no eran más que una mentira. Entonces, ¿qué en este mundo era real?
Las personas que había salvado. Las que había matado. Todo lo que había visto, todo lo que había soportado, ¿era solo un sueño tejido por su propia locura?
Jiang Wei cerró los ojos. Tras unas respiraciones superficiales, dejó escapar una risa frágil y quebrada.