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Entrada a la Formación II Era pleno otoño y el viento se había vuelto cortante y amargo. Vestido con una cam…

Entrada a la Formación II Era pleno otoño y el viento se había vuelto cortante y amargo. Vestido con una camisa fina y sandalias de paja, descendió por un sendero de montaña desconocido, tiritando mientras caminaba. No quedaba ningún "hogar" al que regresar. Y el cobertizo que le habían dado sus parientes lejanos ni siquiera era suficiente para resguardarse de la lluvia, y mucho menos del viento. Abajo, las luces del valle titilaban entre la niebla, volviéndose más tenues cuanto más se alejaba, como si mirara el mundo desde el fondo de un lago. Pensó en el general enmascarado en el escenario, solo en un mar de soldados, abriéndose paso entre innumerables enemigos. Una canción no podía mantener a raya la oscuridad. Peor aún, podía atraer la atención de bestias de montaña o bandidos de paso. Pero nada de eso le importaba ya. Su corazón latía como los tambores de guerra de aquel día, el general avanzando, intrépido e inquebrantable. Corrió, hacia el resplandor lejano del fuego. A medida que el resplandor se intensificaba, comenzó a oírlo: las notas en espiral de una pipa, los vítores y gritos de la multitud. Era la segunda vez que se paraba frente al escenario. Aunque la temporada era de hierba marchita y hojas caídas, en el instante antes de cerrar los ojos, vio flores de peral, miles de ellas, cayendo como nieve de ramas invisibles. "Respiramos relámpagos. Sostengo el trueno sobre mi cabeza, pulverizo la piedra bajo mis pies. Fuerza en mi mano derecha, mando en mi izquierda. Cuando el sol se pone en el oeste, el este se alza plateado como la luna. Toquen los tambores, que ruede la larga canción." Gu Qiuhua, natural de Huzhou, nació con la música en los huesos. De niño, fue salvado por Cheng Su de La Troupe Enmascarada y luego se unió al Pabellón de la Nieve que Regresa. Su talento era inigualable, su voz clara y brillante, y de todas sus interpretaciones, ninguna superó a El Príncipe Entra en la Formación.

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