Cosecha el índigo y coloca los tallos cortados en posición vertical en un hoyo. Llena el hoyo con agua y sumer…
Cosecha el índigo y coloca los tallos cortados en posición vertical en un hoyo. Llena el hoyo con agua y sumerge las plantas con madera o piedra para que permanezcan bajo el agua. Si hace calor, déjalas reposar durante la noche; si hace frío, remójalas durante dos noches. Retira los restos de plantas y cuela el líquido en frascos. Por cada diez frascos de líquido, añade aproximadamente un dou y medio de cal viva, luego bate la mezcla vigorosamente a mano por un corto tiempo (aproximadamente lo que dura una comida) hasta que la agitación disminuya. Deja que el líquido se asiente, luego vierte el agua clara y transfiere el sedimento oscuro a un hoyo poco profundo para que drene. Cuando la pasta recuperada haya espesado hasta alcanzar la consistencia de unas gachas firmes, devuélvela a los frascos. Tu pasta de índigo estará formada y lista.