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Chirrido... Crujido... Entre el rugir del agua hirviendo y el bullicio del mercado, el pequeño Letian siempre …

Chirrido... Crujido... Entre el rugir del agua hirviendo y el bullicio del mercado, el pequeño Letian siempre podía distinguir ese sonido particular: el gemido de la prensa de madera He'le al cerrarse. Chirrido... Crujido... Otro tazón de fideos se deslizaba libre. Su madre deslizaba su mano izquierda bajo la prensa, firme y experta, mientras con la derecha vertía un cucharón de salsa sobre los fideos. Un nuevo tazón estaba listo. El pequeño Letian estaba convencido de que cada persona prensaba los fideos he'le de manera distinta. El prensado de su padre sonaba ligero y vivaz, como madera respirando. Una vez, su padre lo llevó a las montañas. Una brisa atravesó el bosque de pinos, y su padre le dijo que apoyara el oído contra el tronco. El sonido que escuchó era idéntico al que hacía su padre al preparar fideos, suave, hueco, vivo. Después que su padre falleció, el pequeño Letian nunca volvió a ver llorar a su madre. Observó cómo su madre, antes tan callada, aprendió a llamar a los clientes, alzando la voz para alabar lo fresca que estaba su salsa y lo elásticos que eran sus fideos. Luego alcanzaba un tazón, rápida y segura, deslizándolo bajo la prensa. Chirrido... Crujido... Ahora el pequeño Letian reconocía ese sonido. Ya no era madera respirando, sino madera llorando.

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